Gottfried Helnwein
Una expresión del dolor

Presenta
Michelle Dana Missrie.
Tesis: Para obtener el titulo de Lic en historia del arte
Instituto de cultura Superior A,C.
“Yo sé que existen ojos melancólicos,
fríos,
Que no guardaron nunca ni secretos ni anhelos;
como estuches sin joyas, relicarios vacíos,
¡vacíos y profundos como los mismos cielos!
Mas ¿no basta que sea tan sólo la apariencia
Para este corazón que huye de la verdad?
Tu estupidez, ¿que importa? Y ¿qué tu indiferencia?
Máscara o decorado ¡yo adoro tu beldad!”
Charles Baudelaire
(1860)
Introducción:
El propósito de este trabajo de tesis es presentar
a un artista vienés poco conocido en México. La idea surgió cuando encontré
un libro con el trabajo de este artista y quedé fascinada debido a que
reconocí en su obra un discurso diferente, una nueva mirada dentro del
arte contemporáneo, pues mucho del arte creado a partir del pop art se
ha considerado puro pastiche (término que los críticos utilizan para definir
el arte posmoderno), copia de la copia, y sin un discurso novedoso que
lo contenga. Nos basta hacer una revisión sobre las críticas y los ensayos
que han manifestado la mayoría de los autores contemporáneos para reconocer
este problema.
A lo largo del siglo XX y lo que llevamos de este, el arte se ha visto
envuelto en una serie de transiciones cambiando ideales y revolucionando
su propia definición, creo que su función se ha modificado después del
siglo XX, Al vivir atrocidades históricas él hombre terminó siendo un
ser miserable pero con posibles que permiten traerle un poco de felicidad,
que convierten lagrimas en risas pues al final, el llorar como el reír
vienen de lo mismo. Utilizando el dolor como una posible forma de manifestar
algo, los artistas lograron transformar ese sentimiento en grandes obra
de arte. Para ellos el proceso de creación terminó siendo: “Elaborar
como materia propia la irremediable miseria de la materia humana, evitando
la ofuscación producida por un sistema de prejuicios y reconduciendo al
hombre a la expresión de lo vital y lo verdadero. (…) convirtiendo en
ilusoria cualquier otra posibilidad. Solo de esta forma el hombre puede
expresar, y por lo tanto retener y hacer propias, sensaciones inasibles
y determinantes de la vida, como el deseo, la piedad, la desesperación
y el terror.” Esta frase descifra un poco
la temática que abordan las obras de Helnwein, donde en cada pieza están
contenidas las sensaciones del ser humano; tratar de hacer visible el
dolor del hombre y al mismo tiempo reflejar qué ese dolor es provocado
por él mismo. La idea de transmitir a través del arte el dolor provoca
una serie de experiencias catárticas que permiten hacer de ese dolor
universal una traducción hacia uno más personal, que provoque en el espectador
una sensación que muchas veces deberá ser traducida como reflexión, universal
para que sea identificado por cualquier hombre que contemple sus obras.
“¡Nada humano me es ajeno!”. A pesar de vivir en una era que se describe
sin alma, siempre hay una energía que proviene de algún lugar extraño,
una simple manifestación artística que permite hacer de una sola imagen
algo que sea comprendido por la mayoría. El llanto de un niño es un símbolo
universal en el que su comprensión no necesita de idiomas ni idiosincrasias,
es por eso que el arte de Helnwein legitima esta experiencia, porque de
entrada el centrarse en el ser humano mantiene una sola lectura; la del
ser humano; cualquier dolor y sensación me es conocida sin tenerla que
haberla vivido, ya que puedo comprenderla.
El contenido de esta investigación está centrado en
el propósito de mostrar su obra desde distintos puntos de vista, especialmente
de autores contemporáneos, quienes en sus ensayos plantean críticas y
teorías que confirman que Helnwein puede ser considerado un artista del
siglo XXI. En su mirada se reflejan conceptos y posturas que revelan
que, en sus piezas, en ellas mismas, se valida la obra de arte. El mismo
Helnwein lo dijo en una entrevista para la revista irlandesa Start en el 2004:
“Una obra de arte verdadera es evidente por sí misma,
El verdadero arte es intenso, encantador, excitante, tiene una cualidad
mágica como el Blues, un poema de Rimbaud o los autorretratos de Rembrandt.
El arte no sigue ninguna lógica, para experimentarlo, tu mente y tus pensamientos
racionales no te ayudan en nada. Se experimenta con tus sentidos, tu corazón
y tu alma.
No se necesita de la crítica para experimentarlo, como
decía Marcel Duchamp: El arte necesita de dos polos, el creador y el contemplador
y la luz que nace de esa acción bipolar genera el nacimiento de algo –
como la electricidad, sin la necesidad de un tercer polo”
La obra de este artista mantiene siempre la intención
de provocar miedos, deseos, dolor y felicidad con la intención última
de nunca revelar respuestas, sino de siempre formular preguntas que hagan
al ser humano detenerse y preguntarse: ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Por
qué lo seguimos permitiendo?
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I
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