Capitulo V

Teoría del arte en la obra de Helnwein

5.1 ¿Qué es Arte?

Sin adentrarnos mucho en el tema de lo teórico, podemos resumir la pregunta anterior diciendo:

Arte es todo lo que atrapa una experiencia concretándola en un momento  de comunicación privilegiada. A través de los universales,  el artista maneja un lenguaje individual plasmando sus emociones más profundas, las cuales se dirigen a un receptor que, al percibirlas, logra que permanezca unida una relación que provoca  una experiencia estética.


Al referiros al arte como una experiencia atrapada, estamos diciendo que el arte es un atrapar un “cierto punto - tiempo en el espacio”, ya sea eterno o efímero, y al hablar de una comunicación privilegiada, podemos decir que ese momento pretende encerrar al arte de manera permanente.  A través de filtrar los momentos más importantes de cada época, o de captar las emociones más puras, la recopilación del arte a través del tiempo guarda una gran memoria; pero aun dentro de esa gran variedad no se puede hablar del arte como algo que apunte meramente hacia el progreso: afirmamos pues que en el arte no hay progreso solo hay diversidad (la única manera de que el arte pueda apuntar hacia el progreso es en cuanto a soporte y a técnica) Cada época exigió distintas necesidades de representación y al plasmarlas quedan instauradas en nuestro tiempo lineal,  pero el arte no se presenta como evolutivo sino como transformación.


La necesidad primaria de cada artista es lograr un vínculo de intercambio con el receptor, pero este vínculo  es una necesidad que tiene como objeto hacer perdurar el instante atrapándolo en el momento de su duración. Por eso el artista advierte que con su finitud su obra queda como infinita porque deja un rastro, una huella  impregnada de emociones, sensaciones e impresiones más allá de la muerte, de su muerte.


En este sentido el arte tiene una función de universalidad ya que se ayuda de símbolos y lenguajes universales, que son dirigidos a todos pero solo son comprendidos por algunos que se dejan llevar por su sensibilidad. En ese sentido el arte estará  siempre, pero no siempre podrá ser reconocido como tal, ya que para que se pueda llevar a cabo es necesaria la tolerancia que permita el acceso al diálogo, así como desprenderse de la materia  permitiendo que el artista se abra hacia uno, y logre que nos sumerjamos en propias emociones  para lograr la verdadera comunión.
 

5.2 Mimesis, Catarsis, Experiencia Estética

Por consiguiente podemos iniciar definiendo la mimesis como la primera intención de imitar algo ya existente,  es decir,  pura reproducción; esto nos lleva a lograr una copia fiel de identificación, entre algo existente ya dado en sí y  algo reproducido como tal, esto me permite identificarlo con eso que existe. Pero cuando a ese “pleonasmo existente”  le añado sentimientos e imaginación, lo asimilo y  lo poseo, lo transporto hacia otro lado, convirtiendo la mimesis  en catarsis : Ya se rebasó la reproducción, se revivió,  logrando la transformación en otra cosa no dada jamás, y por eso se vuelve nueva  y auténtica.  Esta liberación es la función del arte que pretende llevar al espectador hacia una nueva dimensión; aquí se encierra el secreto  del arte que, a diferencia de la ciencia,  no necesita  comprobar esas referencias como razones científicas. El arte no pude ni debe quedarse en la mimesis, siempre debe y pretende rebasarla para convertirla en catarsis. Cuando un artista logra sobrepasar la mimesis permite la  vivencia estética que no necesita de instrumentos comprobables, sino que necesita experiencias sensoriales e imaginativas.

En cierta medida el arte debe llevarse a cabo como una razón dinámica (lo que permite el acceso al arte abstracto) o, por decirlo así, como una razón del sentir.


Para que la catarsis pueda sobrepasar la mimesis es necesaria la imaginación; ahí se encuentra la creatividad del artista, en cómo construye a partir de la realidad la nueva dimensión u otra realidad. Ahí entra la genialidad del artista en llevar ese proceso creativo al máximo grado de representación de sus propias vivencias y emociones.


Pero el proceso creativo comienza con el artista y debe concluir con el espectador, ya que éste debe tener la misma intensidad  imaginativa para leer e interpretar la obra  con su propio modo de ver.


El mismo compromiso del artista al crear debe ser del espectador para contemplar, o escuchar, así se accede al arte, sólo con la disposición de imaginar y engrandecer los ámbitos que esa obra exige e “inventa”.


Esta catarsis puede lograrse al sumergirse en otro ser, en otro lugar o en otro tiempo. Esto permite acceder a cualquier obra de arte.


Los ejemplos más claros de experiencia catártica como vivencia son  en lo trágico, en los ámbitos  del espanto,  del horror, del sufrimiento,  el terror o quizá en la enfermedad, en  todo aquello a lo que mi realidad no quisiera enfrentarse a vivir, pero que por medio del arte, puedo acceder, vivir y revivir,  miedos o represiones internas que me permitan sentir lo que en mi realidad me gusta evadir.


Aunque el espectador está consciente de que esa no es su realidad, debe intentar evadirse  por un tiempo  (En ejemplos más concretos el cine y literatura que hoy en día son de más fácil acceso) y ver su propia vida como interpretación o sensación de lo que está sucediendo en lo externo a él, como si al mismo tiempo le estuviera sucediendo a él; como si es al mismos por eso que esas obras son universales y, al ser interpretadas  como una posible identificación se convierten en experiencias  personales.


Ahí, en la obra,  filtramos nuestros miedos y nuestros deseos. Por eso decimos que el arte está  en el objeto, pero principalmente  se encuentra y se revela en la mirada. .


Estas sensaciones de pulsiones y liberaciones nos permiten ese vínculo de comunión que se conoce como  Experiencia estética. Una experiencia estética debe rebasar la moral y el prejuicio porque ellos nos pueden desviar y nos impedirían el acceso. La experiencia estética se instaura en el ámbito de la imaginación. Si ésta no se desarrolla  se vuelve imposible la experiencia, no hay entrada porque no hay manera de sumergirse en ella.


Para el hombre histórico, todo lo histórico le pertenece, y  su manera de acceder a lo histórico en el presente y en lo atemporal es   por medio de la experiencia estética, con la que se adentra en el   tiempo no lineal. Al adentrarnos con una obra de arte como representación interactuamos con nuestro pensamiento, con nuestra imaginación, invitando nuestros sentidos al goce de lo estético y de lo sublime. El creador tiene la intención, como artista, de ver el mundo desde su interior representándolo de manera externa; y el espectador genera el cierre contemplando la obra desde lo externo y llevándolo a su interior. Podemos decir que entre el artista y el espectador se encuentra la obra de arte como mediadora entre dos seres.  Estos dos polos son pasionales y creativos pues el creador invita al espectador a crear una sensación y una nueva historia a través de su percepción. La experiencia estética es una experiencia de gozo y éxtasis; entendamos gozo como placer contemplativo y sensorial y no solo como referente a algo bello, como limitante, sino a lo bello como acceso a lo bello desde lo siniestro y de lo sublime.  Como una experiencia de afirmación y negación, de muerte y renacer. 


La experiencia estética tiene finitud,  muere cuando se deja y renace cuando se vuelve a contemplar o a escuchar  la pieza musical.


Podemos definir la experiencia estética haciendo una paráfrasis de Lyotard, entendiendo que debemos contemplar las obras de arte como una representación de la realidad que depende del objeto que la percibe, en un proceso de sensación, involucrando, la realidad eterna, a mi propia realidad.
 

5.3 Experiencia Estética en la obra de Helnwein.  

Sosteniendo  que  el arte necesita y se rige de  polaridades para su propio equilibrio, y  habiendo hablado de realzar la belleza, se debe mostrarse ahora la fealdad en el sentido metafórico de alusión. El horror por el horror en el arte no tiene validez porque se auto desvanece, pierde su encanto; sí, por otro lado, mostramos el horror, lo grotesco y lo desgarrador como ambivalente y a modo de sugerencia ó de ficción, logramos exaltar aún más la belleza estética de la forma y contenido que nos genera placer al contemplar. Ese dualismo está presente en todas las obras de Helnwein. Como ejemplo diremos que el rostro de un niño es estético por naturaleza, no hay otro modo de entender esa fuerte seducción y atracción por los niños, es directamente por seducción estética, por esa seducción comienzan las sensaciones de amor, cariño, deseos de tocarlo o besarlo, etc, pero, ¿qué pasa cuando se nos muestra  un niño desfigurado o enfermo o en estado de muerte o descomposición? Se aparece esa ambivalencia, esa dualidad que nos repele y nos atrae por ser un niño que por estar desfigurado,  nos genera impulsos de horror y miedo.

“La catarsis es el placer que las propias emociones producen en el arte y que llevan al espectador a liberar su ánimo. Al observar las pinturas de Helnwein es inmediata la sensación de horror, es decir las emociones que pueda generar su arte son de sentido inmediato, sorprenden y liberan el ánimo. La experiencia estética es pre-reflexiva, es primaria y próxima.” 11   Por eso decimos que este asombro que sentimos al ver la obra de Helnwein nos impide entrar en juicios; esos comienzan a darse después. Los juicios que emitamos ya están relacionados con nuestros propios miedos y deseos y aunque ese sentir inmediato nos introduce en la obra, nos inhibe, mas aún, porque su contenido está basado en cuerpos reales  pero en estado de podredumbre y destrucción, seres con mucha corporeidad y poco espíritu. Esa apertura sobre la realidad humana se vuelve un momento reconocible para el espectador y le atemoriza;  por medio de la catarsis comienza a liberar lo que le reprime  y comienza a disfrutar lo que contempla.


Retomando el verso de Wilhelm Busch: “Lo que en la vida nos aflige se disfruta en un cuadro” 12   es importante mencionar que el arte de Helnwein, como cualquier arte, no debe pretender juicios de valor. Aún así es importante reconocer que su arte sí es portador de mensajes en los que denuncia las devastaciones humanas que el siglo XX celebró como victoriosas. Por medio del arte podemos sublimar y romper con nuestros miedos, pero  no debemos dejar a un lado nuestra mente a modo de hacer conciencia sobre esasa trocidades que el hombre comete. Por lo tanto, la conciencia como juicio no debe emplearse en la contemplación de la obra: ésta debe ser la vía para enjuiciar lo que la guerra encierra en la vida misma, en la realidad.


La experiencia estética  puede ser también una manera de profundizar y atreverse a contemplar eso que queremos olvidar, pues las fracturas históricas han pretendido borrar la historia como si nada hubiera pasado. El artista debe y tiene también un compromiso con la humanidad  y con su tiempo, debe ser un portavoz histórico, pero con  herramientas estéticas. Siempre debe reflejar el contexto social que vive su época y en cierta manera debe intuir lo que sucederá en los próximos momentos. Ese debe ser su fin: reflejar o narrar algo para comprometerse con su tiempo.


La obra de Helnwein, es sumamente  violenta: “En una sociedad así se desarrolla, no casualmente, un arte que plantea una situación de carencia. Una sociedad poblada de signos sexuales  pero en la que se tiende a la abstinencia, un arte que plantea el cuerpo como desastre, el sexo como exhibición nos ofrece un espejo para vernos a nosotros mismos. La abundancia de sexo en el arte, en el cine, en la literatura nos habla de unasociedad sin sexo con reproducción artificial”. 13


La obra de Helnwein  siempre porta las premisas mencionadas; es como burlarse del estado alemán, diciendo que lo que pretende en cuanto a valores y unificación se desarrolla siempre como “versus”.  “El arte actual no nos puede gustar porque la imagen que el espejo nos devuelve de nosotros mismos tampoco nos gusta” 14 La expresión de temas sórdidos  a través de formas pictóricas, que nos atrapan asumidas a manera de latradición pictórica occidental, es la base de la obra de Helnwein. Una sorprendente alusión.

5.3.1 Análisis de una fotografía de Helnwein aplicando la experiencia estética:

 

Titulo: Sin Titulo
Autor: Gottfried Helnwein                                                  
Año: 1987
Técnica: Polaroid
Medidas: 70x52cm

 

En primera instancia nos enfrentamos a una imagen que podemos reconocer; es decir que nuestro ojo capta y percibe a manera de cómo vemos la realidad; es muy lógico percibir esto debido a que es una fotografía y en ella se encuentra una “realidad fotográfica”, es decir, sin manipulación por medio del lente en cuanto a la imagen.

Este modo de encontrarnos con la realidad se puede definir como la presentación de la mimesis, es nuestro primer acercamiento con la obra por parte del artista, de explorar una realidad; reentiéndase mimesis como una intención del artista de hacer más cercana la temática de su obra y de su intención, comunicar algo que pasa en la realidad. A simple vista esta fotografía que representa a una mujer desnuda (joven por la forma de su cuerpo y por lo que revela la suavidad de su piel) sentada en una silla mirando de perfil a una criatura en estado de descomposición ó enfermedad. Este niño, no mayor de siete años, se encuentra parado al lado de  quién suponemos es su madre, con los ojos cerrados, su cara pintada de blanco y con unas pinzas quirúrgicas en la boca. En este estado de teatralidad por parte del artista, a modo de recrear una circunstancia que apele a la violencia del mundo cotidiano, comenzamos a percibir la diferencia entre una fotografía documental o periodística o de algún otro ámbito, que no llevan al fotógrafo al ámbito de la imaginación, a la de transportar la obra y escena hacia otro nivel. Aquí comienza a revelarse la obra como obra de arte a diferencia de las demás que no pretendían traspasar ese nivel. Este es el punto en donde el artista imagina su obra, de donde nace su proceso creador: En el enfrentarse a contemplar una imagen tan fuerte,  exquisita en su modo de  creación, en cuanto a que pasa de un ámbito ordinario a un ámbito trascendente. La mujer y el niño se encuentran muy cerca tocándose, como si estás dos imágenes fueran una sola. La iluminación es dramática, pues se presenta como dispersa, como si les llegara  desde muy cerca, logrando que partes de su cuerpo se iluminen perfectamente y dejando otras, muy oscuras. Este efecto de dramatizar la escena es muy notable en la fotografía. Esta iluminación a modo de mostrar –ocultar hace referencia al misterio porque no permite la visibilidad completa sino que se presenta en partes, al mismo tiempo, nos permite y nos prohíbe recorrer sus cuerpos. La corporeidad de la mujer se presenta de la misma manera, revela partes; de su cuerpo, como sus piernas su brazo, su seno y, al mismo tiempo, nos oculta su otro brazo, su pecho, su vientre. Estas atmósferas hacen que sus cuerpos  se toquen, se necesiten. Imagen que nos transporta hacia una serie de referencias sobre la maternidad, sobre el sufrimiento de una madre, etc.


En la obra hay un abismo instaurado en la obra, se nos revela mucho dolor y al mismo tiempo el artista juega con nuestras emociones, pues nos provoca ternura. Los cuerpos ahí, silenciosos, nos conmueven y nos inquietan. Comienza un juego de emociones donde nuestros miedos empiezan a brotar de la piel y de nuestros pensamientos; dentro del silencio de la obra comenzamos a hablar con nuestras propias vivencias y nos comenzamos a reunir con ella. Los cuerpos callados nos comienzan a decir lo que les sucede y nosotros lo empezamos a traducir con nuestra propia vida. Nuestros miedos y deseos juntos se fusionan y, por fin,  llegamos al goce de la imagen de lo que se nos está revelando en ese momento. La catarsis aparece porque accedimos a otro nivel. Y hemos logrado que nuestra mirada se revele y que nuestros sentidos comiencen a pulsar. En este momento ya interactuamos con la obra y nos convertimos y nos adentramos a la obra sintiendo la experiencia estética. 


Si entendemos la obra de Helnwein como la representación de los marginados, podemos afirmar que, en esta obra, la denuncia es muy clara. El hecho de que la composición se muestre un adulto (mujer) y un niño refleja el discurso de un niño como victima en el que se está mostrando la imposibilidad de este infante de poderse convertir en adulto, en sujeto entero, completo, cargado de belleza, que tiene sueños que se pueden cumplir. Que mira  hacia adelante y tiene un porvenir;  por su parte el infante esta representado incompleto, como un ser sin ánima, sin futuro, que al mirar hacia adelante no encuentra luz porque esta criatura fragmentada ya esta de cierta manera condicionada al dolor y al silencio. Estas situaciones que se dieron a lo largo del siglo XX, donde las circunstancias para las nuevas generaciones se presentaban con ideales rotos, sin esperanzas, esta manera de hacer conciencia la explica muy bien Habermäs: “Observemos la intención anarquista de hacer estallar la continuidad de la historia, y podemos considerarlo como la fuerza subversiva de esta nueva conciencia histórica.” 15   Pero la contemplación de este tipo de imágenes que representa Helnwein pareciera que por ser denunciantes hablaran; y esto no es del todo cierto, estas imágenes expresan, pero no hablan, mantienen un silencio; lo que realmente hacen es que provocan, diciendo así que la obra no habla ni en sí misma ni hacia los demás, sino que el que habla es el espectador, y esa es la intención del artista, la de hacer conciencia en el espectador, hacer que hable él; la obra sólo es la vía, es el medio. A través de la experiencia estética se completa este diálogo. Entendamos la mudez del arte como una mudez que no hace conjeturas; este silencio es al que se refiere Derrida:


“Al contrario de Heidegger, el cual afirmaba que el arte <habla>, Derrida insiste en la mudez de la serie, o en su capacidad de trabajar sin concepto, sin conclusiones (…)   La demostración, demuestra sin mostrar, sin evidenciar ninguna conclusión, sin suponer nada sino una tesis disponible.”  16


Este párrafo lo interpreto con el siguiente refrán “El que calla otorga”, diciendo con esto que el arte finalmente porta un mensaje y una intención pero el espectador siempre lo representa con su propia percepción del mundo. Por lo tanto, en base a esta obra que acabo de analizar,  estoy emitiendo una interpretación, estoy especulando con mi modo de ver: pienso en una madre que golpea a sus hijos, por ejemplo, ella podría percibir la obra de manera muy distinta, experimentaría la obra desde otro ángulo. Creo que todo el arte contemporáneo maneja esta mudez, este silencio, el de mostrar y ocultar, y al mismo tiempo .En la obra de Helnwein siempre están ocurriendo estos desdobles en su manera peculiar  e intima de estar  provocar continuamente. Utiliza los conflictos sociales y las opresiones actuales con la intención de conmover al espectador para impactarlo y seducirlo: “La conciencia estética representa continuamente un drama dialéctico entre el secreto y el escándalo público, le fascina el horror que acompaña al acto de profanar y, no obstante, siempre huye de los resultados triviales de la profanación.” 17


Con estas características antes enunciadas se cumplen las funciones de la obra de  arte de Helnwein,  porque son imágenes representadas que simulan otra cosa, la obra completa su función por sí misma desde el punto de vista técnico; pero asimismo rebasa lo técnico para convertirse en algo más; se adentra al ámbito de lo dual y comienza por abstraer una imagen de la realidad  convirtiéndola en una hiperrealidad (esa es su técnica); a diferencia de gran cantidad de obras actuales que se quedan en la simulación, en el campo de la imagen dentro de la imagen, sin aportación, como puro rebote. Helnwein todavía se sumerge en el mundo como representación- ilusión accediendo al trompe l´oeil 18 , esta es la necesidad que Baudrillard plantea en el arte actual.: “Nos hacen falta ilusionistas que sepan que el arte, la pintura, son ilusión , es decir algo tan lejos de la crítica intelectual del mundo como propiamente dicha (que supone una discriminación reflexiva de lo bello y de lo feo); ilusionistas que sepan que todo arte es desde luego un trompe l´ oeil, un engaño de la vida, como toda teoría es un engaño del sentido y que toda la pintura, lejos de ser una versión expresiva y por lo tanto pretendidamente verídica del mundo, consiste en dirigir los señuelos ahí donde la supuesta realidad del mundo es lo suficientemente ingenua para dejarse atrapar.” 19
 

continúe al Capítulo VI

o va a:

Introduction            
Capítulos:
Conclusion            

 

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