Capitulo VI

“La Belleza te sana, te salva,

Te hace inmortal por solo entregar tu vida a ella

como hacen los místicos con Dios”

 

6.1 Bases de la estética de Helnwein

El siglo XX ha sido uno de los más controvertidos de la historia, todos sus  cambios surgieron con una velocidad impactante que fue difícil de domesticar, lo que nos llevó a una confusión en la lectura de los hechos históricos, de los pensamientos filosóficos y sociológicos y, por supuesto, los tecnológicos; lo que condujo a que los productos que se consideraban atractivos por su novedad se convirtieron en obsoletos, sustituyéndose a sí mismos en cuestión de segundos. El mundo va de prisa… pero va sin dirección. Una de las razones de mayor peso para entender este crecimiento es la  apertura hacia una comunicación global que tenemos hoy en día; es parte de la rutina diaria saber qué ocurre en todo el mundo y esto, en consecuencia,  crea, con sus  avances tecnológicos y científicos, que se permita conocer un acontecimiento en el momento que está sucediendo. Me refiero a las redes de comunicación que permiten el acceso a las novedades o a los hechos ocurridos en cuestión de segundos solo oprimiendo botones.

Las redes de internet son útiles en el sentido que toda la información del mundo circula dentro de ella (como la nueva Biblia, toda la verdad se supone que se encuentra ahí adentro) facilitando su uso a todos aquellos quienes la utilicen;  esto genera una unificación del ser humano con un solo aparato; pero también esta información se altera y se mezcla, teniendo como resultado una información infectada y en muchas ocasiones distorsionada. La fidelidad de los datos y los acontecimientos históricos se ven manipulados todos los días, ya sea por los medios de comunicación - que por más  leales que pretendan o defiendan ser con la realidad, son siempre controlados y disfrazados- o por las preferencias políticas, económicas y sociales de cada lugar.


Entonces podemos decir que la problemática del mundo actual se empeora aún mas cuando hablamos de una globalización que pretende constituir al ser humano como unificación de “masas”, unificado en masa  se traduce y se le reduce como la propia muerte de su ser individual; y, su fractura,  pretendiendo vincularse al otro por medio de un monitor.


La intención de los medios de comunicación es la de facilitar la información, sin embargo  además de generarse a una velocidad incapaz de domesticar, se entiende la falta de profundidad y de análisis de los sucesos históricos que supuestamente son una realidad veraz que tenemos a nuestro alrededor, y se comprende con mayor claridad la percepción tan vaga de la gente hacia el mundo que nos rodea y que nos devora. La velocidad de los hechos y la falta de tiempo para analizarlos y cuestionarlos es lo que hace que los hombres de hoy se sientan abrumados y temerosos en su entorno exterior y, por consiguiente, esto se refleja dentro de su interior. Como esta falta de tiempo y de comprensión afecta de manera directa el contacto con el arte, debido a que es imposible generar una conexión directa con la obra,  el espectador ya no tiene educado el ojo a observar, solo está acostumbrado a parpadear. Sí, únicamente está en un mundo de evasión persiguiendo el tiempo como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas.  Este distanciamiento con las obras de arte generó su crítica en el siglo XX. Dentro del arte contemporáneo se vivió una revolución del lenguaje y de la forma desde que Duchamp creo sus “ready- mades” con la intención de proponer el valor artístico en el concepto, terminando por desaparecer el valor en el objeto. Marcó así una revolución en la historia del arte, tanto en sus estructuras como en sus definiciones, pues al “ready made” se cuestionó mucho sobre a qué categoría pertenecía, si era escultura o si era pintura, etc; y no se deje a un lado el arte efímero o acción. Con esto, además de la frase de apertura, “el arte por el arte”,  comienza la permisibilidad y el cuestionamiento sobre todo lo que rodea nuestra vida, si puede entrar en categoría artística. Esto quiere decir que podía engrandecer el terreno del arte,  que se abría dándole apertura hacia más terrenos.  También, en ese campo tan abierto se comienza a confundir el término mezclándose con la moda, con el mobiliario y con los artículos decorativos, defendiendo que estos, al generar placer contemplativo, ya son artísticos; este concepto con la propuesta hacia una mirada posmoderna se ha ido infectando más, y se ha mezclado, especialmente, con la moda. Los museos más grandes del mundo, como el Guggeneim de Nueva York, exhiben vestidos de gala de Giorgio Armani. Las propuestas artísticas y los manifiestos más grandes están en el vestir, creyendo así que si un hombre se pone una playera de Dalí, ya es un artista, o una playera con la foto del Dalai Lama, ya es un guía espiritual.  Estas circunstancias son muy características de una época posmoderna donde el fondo de las cosas no queda legitimado, sino que solo se queda en la superficie y en la pura apariencia volviendo a la misma, falta de profundidad, falta de comprensión, y falta de compromiso. 


Existe hoy en día  una distancia en la contemplación del arte contemporáneo, una lejanía en su comprensión; pero por otro lado se busca una estetización del mundo: se busca estetizar la política, la tecnología, la guerra y la religión, todo con la intención de contemplar, no  que provoque en mi una experiencia estética, sino que provoque en mí un goce estético que haga que lo quiera comprar. Pero la realidad de las cosas es que la crítica que se da en el arte contemporáneo es una crítica como la hacen siempre la cultura  y la historia; todo lo que queda fuera de mí y de mi comprensión, no me conviene tenerlo sino aniquilarlo; por eso creo que por eso se crítica el arte actual, porque no se le entiende, no se le reconoce, por eso sus críticas no son constructivas, y esto es el reflejo de una globalización donde los conceptos nos bombardean de tal manera que, como consecuencia, encontramos la existencia de tendencias artísticas desfasadas de su contexto histórico. Este es uno de sus mayores problemas.


Los criterios que cuestionaron al arte moderno no sirven ya para el arte contemporáneo, porque no comparten el mismo lenguaje. El arte ya no se explica a sí mismo como un depósito de valores que funge como moral y  que es el reflejo del bienestar social. No es casualidad que ¡el arte por el arte! terminara siendo ¡la muerte del arte! Hoy en día los parámetros existentes no sustentan los nuevos planteamientos.


En el arte contemporáneo actual, el público requiere de una información externa a la obra que le permita entender el concepto que sustenta la producción; por esta razón hoy más que nunca, es necesaria la crítica, pero con la idea de formular conceptos más universales que permitan el acceso y la comunicación privilegiada que tiene por compromiso el arte: comunicar, no hacer crítica imponiendo una opinión. La idea debe ser la de mediar entre el artista y el público, dando apertura a la información, dirigiéndola hacia toda la gente, no solo filtrarla con los teóricos, los investigadores y los intelectuales.


El relativismo posmoderno hace valida cualquier postura crítica, como hace posible cualquier obra como artística, y eso es algo que ha contaminado el concepto de arte como obra de arte y el concepto de arte como objeto estético decorativo, lo cual hoy en día parece ser lo mismo y sin embargo no lo es.


Es importante entender que el proyecto de la modernidad, en su proceso de unificación, a través de la novedad, prometía darle vida a todo, porque dentro de ese todo se encontraba lo posible; pero ésta se vio fracasada cuando dentro de su proyecto de novedad  pretendía, una unificación basada en un mundo nihilista, donde todo tenía valor y al mismo tiempo no lo tenía por lo que convertía a la relatividad en esa posibilidad, la cual de entrada no se encontraba ni sujetada ni sustentada por nada.


El mismo problema lo vemos a la hora de querer definir el concepto del arte.  Para entender la definición y el valor del arte es necesario entender que la definición del arte se vio  dividida y fragmentada dentro de la historia, por lo tanto, si el arte contemporáneo permite encontrar la obra de arte en la pura idea o el puro concepto aislándolo de la obra, convertimos a la obra de arte en un discurso del discurso; entonces, alejamos cada vez más al concepto de la obra, lo que de entrada impide y confunde al espectador el logro de la experiencia estética,  perdiéndose así la objetividad en la obra de arte. 


Entendemos, a partir de una definición más moderna, que todo aquello que en su creación apunta hacia una creación artística, por pura intención, puede tener como resultado una obra de arte se logrando llevar a cabo en su creación una creación novedosa y original, como el nacimiento de un ser nuevo. Entonces, si decimos que cualquier cosa que pretenda ser un objeto artístico de entrada ya tiene una posibilidad de serlo, podemos entender porqué la mezcla de la moda y de los objetos decorativos, por poner un ejemplo, pueden llegarse a confundir con obras de arte y ser exhibidos en instituciones diseñadas únicamente para exhibir obras artísticas, y a ser mostradas en espacios “sagrados” que implican,  ser de entrada, de gran calidad.


Hay que tomar en cuanta que, en su idea más pura, el arte debe pretender siempre ser no funcional, no racional, no explicable y no utilitario, aunque, a pesar de ello, existan obras y objetos artísticos que sean creados y que puedan funcionar como lo que acabo de mencionar. La obra de arte debe encerrarse siempre en su misma idea de ser obra de arte dándole su sentido y su propio valor a la capacidad de la experiencia estética.


Debemos entender que la obra de arte siempre debe tomarse como un lenguaje metafórico, no debe pretender imitar la realidad porque convertimos entonces la obra en una fiel replica, lo que se conoce como mimesis; debe pretender rebasar la mimesis y llevar su representación más allá de la realidad, ahí es donde se permite la entrada al  juicio, a nivel personal y emocional; el juicio no debe encontrarse jamás en la obra, porque, si no, la obra se convierte en moral o en otra cosa que la desvía y que impide acceder en o dentro de ella, porque la obra es obra de arte en sí misma y es así como debe leerse.


“La obra de arte no es ni un objeto real ni un objeto ideal, la obra de arte es un objeto representado.”

En está definición se entiende muy bien lo que es la obra de arte, el problema está cuando se contempla una imagen sin entender el concepto que representa; una obra de arte es artística y tiene su valor cuando sus elementos de composición o su formalidad explican y revelan su intención emocional. Con esto se logra el acceso a cualquier obra de arte, cualquier rama de las artes.


Dentro de los conflictos de la modernidad y de la globalización surge un problema relacionado con el arte; si la globalización pretende llegar a las masas debe, entonces, acudir a la reproducción de las mismas imágenes de diversas maneras para poder triunfar en su intención. La reproducción de las imágenes no solo es un hecho que pretende hacer llegar el arte a todo tipo de gente, más bien, creo yo, que va ligado directamente con las que crea instituciones, crea espacios considerados patrimonio cultural, legitiman el valor de las obras exhibidas directamente con su valor monetario, lo que hace que el valor de la obra en sí no sea por su contenido estético sino por su contenido mercantil. Por ese tipo de situaciones estas instituciones han devaluado al arte en sí, sin dejar de mencionar la capacidad sorprendente de consumo que tienen los museos en la venta de objetos con el contenido de las obras al final del recorrido de cada exposición. No es casualidad que la gente de hoy en día se quede más tiempo en la tienda y en la cafetería del museo que dentro de cada sala contemplando las obras. La mayor crítica a estas instituciones es que además de que están controladas por el gobierno, éste elige qué contemplar, imponiendo por su propaganda al artista que le conviene, o bien, la necesidad de buscar en el campo del arte  los nuevos mitos de una nación.  Estos factores de consumo y comercio exhibidos en museos, reducen la experiencia estética,  reducen el valor artístico convirtiéndolo en un servicio político, social y económico.


Por otro lado hay quienes defienden la importancia de espacios dedicados a las obras artísticas como único modo de acceder a ellas; ahí cuenta más la limpieza del lugar, el silencio que lo habita. También hay quienes defienden que los libros, postales, posters, etc. son una vía posible de contacto con las obras lejanas y que, si uno no las tuviera,  no habría otra forma de conocerlas y de acceder a estas.

 

6.2 Susan Sontag:

Pienso que la crítica que hace Susan Sontag en su libro: Ante el Dolor de los Demás  denuncia ante todo un problema social, una problemática que se gesta a partir de una sociedad basada en el espectáculo; es muy clara la atracción que se tiene por contemplar temas sórdidos y es muy válido que se expongan, pues la gente tiene derecho a elegir lo que mira, el problema está en la falta de compromiso al contemplar la imagen, lo que termina convirtiendo esta imagen en mera imagen sin mensaje alguno. ¿Cómo puede entonces una imagen, al mismo tiempo, indignarnos pero atraernos? Creo que esta pregunta que se plantea Sontag puede responderse en base a una sociedad sin compromiso. Hoy en día se ha perdido la importancia del Otro debido a que se ha enseñado a ver al otro con la pura intención de reafirmarse a sí mismo, lo que de entrada genera un egoísmo brutal entre los seres humanos, cuando debiera ser lo contrario; esto provoca que podamos mirar millones de imágenes que puedan atraernos solamente por su belleza o por su carácter lascivo creando en nosotros una absoluta indiferencia. No se puede mirar sin asumir, pero se asume menos si constantemente se nos muestran cantidades innumerables de imágenes que se saturan y nada tienen que decir. Nos son  mostrados temas inagotables que se han vuelto agotables. Los temas bélicos se han convertido en temas de primeras planas en noticiarios amarillistas que los publican por el beneficio económico que otorgan más que por la intención de crear conciencia por el otro, por ese otro que, está sufriendo; Se ha hecho de las guerras y de las victimas un espectáculo.

Cuando se reproduce la misma imagen muchas veces, su contenido  pierde todo su valor, se convierte en una imagen que es prostituida, y que se degrada a sí misma. Por lo mismo cualquier imagen vista innumerables veces termina por aburrirnos como si esta perdiera todo su misterio, termina por lograr que el impacto que causó al principio se evapore. Esto nos recuerda a la frase de Marshall Berman sobre la modernidad en la que dice: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”


La velocidad con la que camina el mundo de la informática provoca en la gente un hambre por las imágenes, pero solamente en cuanto a cantidad de imágenes mostradas, esta hambre se convierte en algo insaciable y de carácter banal, alejándonos de cualquier intento de hacerse cargo,  o por lo menos de cuestionarnos. Asimismo, la gente espera que las fotografías de las imágenes que contempla, no cuestionen,  que solo sean pura y simple imagen, porque estas,  se terminan aniquilando unas a otras,  ya que al fin y al cabo cuando venga la próxima imagen, ya habré  olvidado la anterior. Ante todo lo que más le preocupa al público, en cuanto a fotografías de temas bélicos es que la imagen sea veraz, que no sean retocadas ni manipuladas, que sean reales; pero que se encuentre en ellas algo que comprometa. El público siempre exige franqueza, pero nunca se preocupa por lo aterrador que significa  que lo que se muestra es en realidad cierto y que lo único incierto es que no se asume. Lo grave del problema esta en que cuando alguien quiere hablar por los demás, debería de estar hablando sobre de todo por sí mismo, no solo ser un narrador que dice lo que le sucede a los otros. Creo que por eso es importante la manera en como Sontag defiende lo que cree, porque ella, habla de las victimas, no solo nos dice lo que está sucediendo. Por que ella se compromete. Al igual que Sontag,  la obra de Helnwein plantea el mismo problema, pero él elige hablar por otros marginados, no por las diferencias sociales, económicas y étnicas.


Lo que Sontag crítica como lo “atractivo”: Por lo general, los cuerpos gravemente heridos mostrados en las fotografías publicadas son de Asia y de África. Esta costumbre periodística hereda la antigua práctica secular de exhibir seres humanos exóticos; es decir, colonizados: africanos y habitantes de remotos países asiáticos que eran presentados como animales de zoológico.” 20 Helnwein, se propone mostrarlo en victimas a los que nunca se les ha considerado victimas. Elige hablar por aquellos considerados la raza superior, por gente “europea” con “cultura”. ¡Por fin encontramos víctimas  bonitas!  Esto rompe con un esquema de tradición cultural y social. “La exhibición fotográfica de las crueldades infligidas a los individuos de piel más oscura en países exóticos continúa con esa ofrenda, olvidando las consideraciones que nos disuaden de semejante presentación de nuestras propias víctimas de la violencia; pues al otro, incluso cuando no es un enemigo se le tiene por alguien que ha de ser visto, no alguien (como nosotros) que también ve” 21 Esto se explica muy bien en una instalación fotográfica que hizo Helnwein en 1988 titulada: Selektion, (Selección).Como habíamos dicho, la instalación consistía en unos paneles de 100 metros de longitud entre el museo Ludwig y la Catedral de Colonia en donde se exhibían rostros de niños como si tuvieran talco en la cara con expresiones de tristeza y sufrimiento; lo impactante de esta instalación es el papel que juegan los rasgos físicos de todos estos niños, todas estas víctimas son en su mayoría niños de tez blanca, pelo claro y facciones “finitas”. 22 No se presenta en toda la instalación alguna criatura que no cumpla el perfil de la “raza aria o de ser completamente europeo”. Desde el título se está criticando todo un cúmulo de valores culturales, es un cambio de papeles dentro de la especie humana, en la que se exhibe como víctimas a los que socialmente no se les permite serlos.    


Helnwein plantea su análisis basado en el hambre de ver imágenes que uno tienda a aborrecer pero que, al mismo tiempo ejerzan una atracción hacia ellas. Es desde Goya que dentro del ámbito artístico comienza una nueva manera de contemplar el dolor; la diferencia entre la contemplación de las obras de Goya y el mundo de la saturación de imágenes de puro espectáculo que se presenta hoy es completamente distinta, pero cuando vemos la obra de Helnwein y de Goya volvemos a lograr  un vínculo de sentimientos compartidos, porque ambos son artistas. El campo del arte siempre exige otro compromiso en cuanto a la contemplación, porque el arte sí  promueve involucrarnos,  el arte invita siempre a sentir. El dolor del otro en un cuadro de Helnwein tiene otra validez y genera en nosotros una respuesta otra a lo que genera una imagen periodística, es una cuestión de actitud. La obra de arte es infinita, el misterio de la imagen nunca se agota de posibles lecturas; en el arte las  percepciones son infinitas. Esto es precisamente a lo que Leonardo Da Vinci se refería en cuanto al coraje de pintar: “Leonardo está sugiriendo que la mirada del artista, sea literalmente, despiadada. La imagen debería consternar y en esa terribilitá hallamos una suerte de belleza desafiante Que un sangriento paisaje de batalla pudiera ser bello- en el registro sublime, pasmoso o trágico de la belleza- es un lugar común de las imágenes bélicas que realizan los artistas. La idea no cuadra bien cuando se aplica a las imágenes que hacen las cámaras.” 23 En la pintura, como en la fotografía, el encuadre y el límite siempre se está sugiriendo solamente desde un punto de vista,  pero debemos, como espectadores, forjar un lazo de responsabilidad  con la imagen que genere también el propio punto de vista para que se empiece a fomentar un diálogo en donde las imágenes, en vez de generar  indiferencia, miedo y repulsión, fomenten el compromiso y la identificación con el otro.       


El sustento de toda esta idea se ve explicado y resumido en una obra de Helnwein donde se representa un tríptico titulado Evidencia. Esta obra está compuesta por dos fotografías y una pintura donde encontramos, los tres puntos mencionados anteriormente. En la primera imagen del tríptico aparece una fotografía del Hitler con sus soldados. Es obvio que esta foto no fue tomada por él, sino más bien es utilizada por Helnwein para desarrollar y sustentar su propia  obra. Esta primera fotografía es una foto periodística, documental; si se observa aislada del tríptico no representa nada más que un momento histórico: La segunda guerra mundial; la foto no es más que una prueba histórica y esa es su misión; aunque si quisiéramos analizarla como si fuera artística podríamos encontrar elementos que le den validez; como es la aparición del punto de fuga, una composición equilibrada, aparición de colores cálidos y fríos que se complementan, rostros muy expresivos etc. Pero a lo largo de toda esta tesis se ha defendido que para que algo surja como arte, debe partir en su inicio con esa intención, (idea que sustenta, en su mayoría, el arte contemporáneo, especialmente el arte conceptual y el ready made) por lo tanto esta fotografía no se encierra dentro de una mirada ni dentro de una propuesta artística. Cuando Helnwein decide incluir una fotografía existente no tomada por él y utilizarla para crear otra idea y una nueva obra de arte la misma fotografía documental cobra vida en el ámbito artístico; de entrada porque se está utilizando ya en un nuevo contexto, está incluida en una obra de arte, y lo más relevante, es que se está planteando ya con la idea de ser ya una nueva. Hasta aquí se está manejando ya una idea del arte conceptual.


La segunda imagen que representa este tríptico es una fotografía en blanco y negro tomada por Helnwein donde aparece un hombre de la cintura para arriba, de perfil, con la cabeza   vendada y con un rostro difícil de describir debido a que no es muy claro;  pareciera que  tiene gafas, hay algo en su boca como una máscara de oxigeno ó algo que le impidiera respirar; también podría ser que estuviera inflando sus mejillas aguantando la respiración. Este sujeto viste un saco oscuro y tiene en el brazo del saco un listón como símbolo de un rango. Definitivamente esta foto no representa a un soldado sino a una víctima de la guerra, podría ser la imagen de un judío muriéndose dentro de una cámara de gas por eso tiene algo en la boca o la alegoría de que se está ahogando, los lentes pudiéramos descifrarlo como el no poder ver. Su rostro mira para abajo como si se encontrara pensando o quizás muerto. Ante todas las especulaciones que pudieran surgir, definitivamente hay una conexión lógica relacionada con la foto anterior,  por lo tanto, la foto documentada del tercer Reich está  descifrando el misterio de la foto de Helnwein, y el espectador comienza a comprender la obra partiendo de la primera foto que es usada como un símbolo. La tercera imagen es una mancha al rojo vivo dentro de otra color rojo apagado, podría ser un rostro, pero al no ser tan clara podría pertenecer en al ámbito de lo abstracto representando, algo concreto: ¡¡La sangre!!  Ante esta “evidencia” (título de la obra) se descifra un mensaje claro: Donde hay guerras siempre hay víctimas y donde hay víctimas siempre hay sangre.


Lo que esta obra logra, es el impacto que tiene la obra de arte frente a una obra  documental si bien muchas veces la foto documental puede ser cruel y dolorosa porque está basada en la realidad, en esta obra la imagen de Hitler es menos dolorosa y menos cruel que la imagen artística donde se está representando a una víctima de modo mas agresivo y al analizar la obra se juegan con muchos conceptos. La fotografía de Helnwein es el eco de la fotografía periodística. las dos son igual de creíbles pues una representa un momento histórico, una realidad congelada, mientras que la otra es una imagen basada en hechos reales que son conocidos en base a todas las imágenes que se pudieron congelar de la realidad mientras sucedía. En esta obra aparece el juego del tiempo, por lo tanto, el concepto que se está jugando aquí es el de la autenticidad de los hechos; la fotografía documental es solo una parte de la realidad pues dentro del momento en que fue tomada solo se capturó una parte: No se puede sostener la veracidad de un hecho basado en una fotografía ya que ésta también está fracturada porque parte no solo del límite de la lente sino que también pertenece a la imagen que decidió tomar alguien: “fotografiar es encuadrar y encuadrar es excluir 24


Helnwein utiliza el rastro de una foto para construir otra foto. La diferencia está, en que la primera foto solo demuestra un hecho histórico y la segunda evoca toda una ideología de un momento preciso. En su totalidad esta obra “Evidencia” ya no solo muestra sino que provoca, denuncia y cuestiona. Con esta obra como en cualquier obra de arte se defiende la diferencia que existe entre una obra artística que aporta algo hacia la historia pero siempre con un cuestionamiento inherente,  contra una que solo plantee la demostración de un suceso histórico; las dos generan en el espectador respuestas, la diferencia está en que en la fotografía documental  debe siempre ser más importante el hecho que la imagen, la intención de mostrar la imagen es para sustentar el hecho (aunque siempre se este exponiendo el punto de vista de alguien, tiende a ser mas universal), mientras que en la fotografía artística o cualquier obra de arte siempre es más importante la imagen  por sí sola, ya que la obra de arte pretende transformar; y aunque las fotografías documentales también transforman esa no es su misión, su misión es exhibir la historia de la manera más universal posible; dentro del campo periodístico la autenticidad y la veracidad es lo que cuenta; en ese campo la manipulación es mal vista y la imaginación no juega un importante rol; dentro del arte, la imaginación y la creatividad surgen a flor de piel dentro de cada artista. Por ejemplo, en el arte la búsqueda por la belleza dentro del ámbito del sufrimiento y el horror se permiten y se justifican, aunque sea por medio de lo sublime; dentro del arte no existe la moral, cuando en el ámbito del arte se expone un momento histórico o se exhibe un hecho a denunciar, siempre se debe tomar en cuenta que el arte es simulación, es decir, menciona los sinónimos de simular como son: mostrar, imitar, aparentar y representar. Dentro de la búsqueda del arte siempre se “pretende” acercarse a la realidad,  o mas bien intuir la realidad, pues, a lo largo de toda la historia, el arte se ha encontrado siempre como un reflejo de lo que se vive en cada momento, por eso se deben de valorar los verdaderos artistas contemporáneos, porque con ellos podemos descifrar lo que se vive  e intuir lo que vendrá ya que sus obras reflejan todo el contexto social, político, cultural y económico de un período determinado. Por eso decía Picasso: “El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad” 25
                 

             

 

 

 

 

6.3 Jean Baudrillard 

Para Jean Baudrillard la peor herramienta que utiliza el arte hoy en día es la simulación; para él, se encuentra sumergido dentro de la crisis de la imagen, que ha encontrado sus raíces en el campo de la publicidad. El arte no debe pertenecer a ese ámbito, lo debe  rebasar. El arte debe encontrarse en un hemisferio superior pues su intención primordial del arte no debe ser promocionar nada dentro del contenido de su obra (aunque el fin de cualquier artista sea la venta de su obra- y existe un gran campo dedicado al marketing de obras de arte y el valor monetario de estas piezas que siempre ha sido engañoso y subjetivo) Lo que Baudrillard crítica es que, actualmente , existen pocos artistas que en sus propuestas se encuentre el planteamiento de una nueva  mirada, la aplicación de una nueva técnica, de una temática distinta que realmente tenga valor o que introduzca un nuevo concepto.En el mundo de las imágenes que vivimos nos encontramos perdidos  dentro de ellas, y distanciados de la realidad; podríamos decir que gracias a la perfección que ha encontrado la técnica y la ciencia, desde el proceso de revelación, de manipulación, de impresión, etc. podemos creer que una cosa que es reconstruida es completamente real. El mundo hiperreal que hemos creado, o mas bien en el que creemos, nos vuelve  seres que confiamos de lo que vemos, en vez de convertirnos en seres más escépticos; debemos educar la mirada para saber dónde está la mentira;  saber diferenciar entre lo que es un gag publicitario y una obra de arte, y, a partir de la obra de arte saber distinguir entre una obra de arte real, y una que esté creada a partir de la  re-construcción o de la pura simulación, esto debe aplicarse a cualquier tipo de arte. No es una casualidad que estos conceptos se encuentren mezclados; la mayoría de los artistas contemporáneos estudian diseño gráfico antes de estudiar artes plásticas, y existe una gran diferencia  entre la propuesta de un diseñador, contra la visión de un artista.  Baudrillard defiende que la obra de arte debe estar basada en el trompe l´oeil,  ya que la raíz de la obra de arte debe encontrar un velo que encierre, envuelva y revele el misterio de la obra; cuya intención última de ir desvelando la verdad de la obra, sabiendo siempre que la obra es inagotable y que no tiene absolutos, pues la lectura de la obra está basada en la percepción y en la interpretación del espectador. Ese truco que maneja una obra, es la magia que permite que sea considerada obra sea arte. La seducción es el papel fundamental de la obra hacia el espectador. Para Baudrillard, la palabra más precisa con la que definir hoy en día la imagen dentro de la obra es la del desencanto, ya que las imágenes están vacías de contenido, ya no dicen nada porque están tomadas de otras imágenes y de otras y de otras. Esta cadena de copia o collage convierte al arte en un universo de poca profundidad que tiene como resultado obras vacías, poco espirituales  y sin sentido, pues este “remake”, como lo llama él, es lo que logra que las imágenes se repelan o se vomiten a sí mismas.

La realidad de la vida expuesta en un “reality show” es un ejemplo del éxito que tiene la imagen de la imagen; otro ejemplo se encuentra en la literatura donde la citas de las citas se convierten en los nuevos best sellers. Pretenden ser las alegorías de la vida, creyendo que nos acercan a un ámbito diferente y que se convierten en nuevas porque ya son modificadas; intentan acercarnos a la realidad y terminan por confundirnos con la realidad misma. En este sentido, la pregunta en relación a la pintura sería ¿Será acaso que ya hemos avanzado tanto que ya no encontramos formas nuevas ni colores nuevos y por eso tenemos que conformarnos con lo existente? Esto lo único que hace es justificar la podredumbre que circula por el mundo y que se apoya con los medios que intentan convencernos de que algo que no es bueno lo es; es increíble que hasta el mismo arte abstracto, que pretende ser amorfo, participe en este jugo de simulación; se encuentran hoy en día, en la mejores galerías, simulaciones perfectas entre obras de  Luis Feito combinadas con obras de Pollok y se exhiben como nuevas propuestas. Las imágenes no se reinventan, sino que se disfrazan. Por eso el arte se ha fundido con todos los otros medios,  como ellos, se encuentra sumergido en el engaño, en lo banal; y es esta banalidad lo que genera que esas imágenes no permitan llegar al otro lado, al lado de la ilusión, que se acompañen de la magia, porque están acompañadas de la mentira. René Magritte se dio cuenta de esto y  representó todos estos conceptos en una obra donde se muestra un paisaje y, delante, el caballete del artista copiando el mismo paisaje, el concepto que aborda esta obra es que nosotros nos quedamos con el paisaje pintado y es el que tomamos en cuenta como si fuera el real, dejando atrás, como en la obra, el paisaje mismo; o bien, podríamos decir que el paisaje real y el paisaje pintado, se convirtió ya en una misma cosa; lo mismo sucede con la fotografía: la foto de la foto termina por alejarnos del  lugar donde fue tomada la foto, dejándonos, sólo con la foto. La realidad en sí termina por evaporarse y la representación se convierte en la representación real. Cuando esto sucede se esfuma la ilusión y todo el concepto de arte se viene abajo porque el arma del arte está en ser ilusorio, en cubrir y velar la imagen. El arte pretende, simula y quiere representar, no sólo  copiar. Por eso hasta la obra más hiperrealista no quiere confundirse con la realidad sino que la obra pretende ser real.


La originalidad y la creatividad son las herramientas indispensables para lograr la creación de una obra de arte, pero el misterio es sin duda lo que la define; debe abarcar el juego de la ilusión, logrando la seducción, esos dobles mensajes que muestren y oculten. Que afirmen y que nieguen, como el misterio de una foto en blanco y negro, donde se ocultan los colores pero, también,  según las intensidades de luz y de lo que revelan los objetos o los paisajes, se adivinen ó se especulen. El arte exige ese misterio, pero es difícil encontrarlo en obras que no están basadas en estas premisas, si estamos sumergidos en un mundo donde supuestamente ya está todo dado, la ilusión ya no es la búsqueda principal,  mucho menos la apreciación completa, cargada de espiritualidad,  en imágenes banales dirigidas a seres vacíos.


En 1999, Helnwein crea una obra donde aparece una Virgen con el niño homenajeando una obra de Andrea Mantenga,  pero a diferencia de las atmósferas y la de los rostros de las obras en los períodos  renacentistas o de la edad media, aquí se muestra al niño con un labio cosido y la mejilla rota (agujerada), el volumen de su cuerpo, su tez, y el tamaño, un poco desproporcionado entre la cara y el cuerpo, se mantienen iguales, debido a que se esta sugiriendo una alegoría.  La virgen con su rostro pálido nos recuerda mas a una escultura que a un ser humano, con la mirada perdida y muy poco definida; pareciera que se le ha ido el alma, pero la fragilidad y las proporciones nos remiten de nuevo a las obras renacentistas. “En la obra de Mantenga puede verse con claridad el empuje que dieron los artistas a este desarrollo tan rápido que solo dura un siglo y cómo se atrevieron constantemente a realizar creaciones más osadas. Este pintor estaba fascinado principalmente por la fuerza sugestiva de la perspectiva, que es capaz de hacer partícipe a quién contempla la obra Fue el medio que empleó para conducir la vista y el sentimiento del espectador”  26   En esta última cita se ve la visión de Helnwein con la de Mantenga al querer integrar los sentidos hacia un punto central de la obra, logrando que la imagen despierte sensaciones. Esta obra de Helnwein, debido a que está creada con la intención de darle una nueva lectura a la obra de Mnategna, no puede calificarse como una obra que intente ser un puro simulacro, ya que se coloca en el ámbito de la novedad, integra el misterio, tiene una gran aplicación técnica y diversa a la creada por Mantenga. El tema puede parecer muy conocido pero al aplicarlo a una obra con la mirada de un artista contemporáneo, la obra renace, y se convierte en completamente auténtica, es una paráfrasis superada. Las posibles sugerencias que genera la obra, entre velada, despierta en nuestra percepción, la posibilidad de un nuevo lenguaje diferente al que utilizó Mantenga; ya que cada uno utilizó la imagen con la intención de manejar un diálogo que refleje el sentido de la obra para la época en que fue creada. Lo que Helnwein muestra en esta pieza es cómo el sentido de una obra de arte se puede modificar con la mirada y el pensamiento de una época. Ataca, para nosotros, en tiempos de nihilismo absoluto, las imágenes sacras; estas no nos dicen nada porque ellas ya no nos dan un sentido ni de pertenencia ni de identificación,  ver a la imagen del niño Jesús en estado de enfermedad y de fractura pertenece a la nueva simbología que utiliza el hombre posmoderno para definir a un ser mortal. La frialdad de esta obra no hace más que mostrar el reflejo de una sociedad impura, vacía y, por supuesto, sin fe. La obra de Helnwein, a pesar de pertenecer a un ámbito de reproducción de imágenes, no permite quedarse en ese rango, su genialidad y visión logran que sea considerado un artista y no un publicista o un imitador, su obra, aunque parta de algo ya creado, se ve transformada con su propia visión para convertirse en novedosa y seductora. Es preciso detenerse a cuestionar que, jamás, se le dará el mismo crédito a un artista como Helnwein, quién utilizó la obra de Mnategna como base para el cuestionamiento de toda una formación de pensamiento y de cambios culturales y sociales, para enfrentarse a la pérdida de la fe, o al ataque de una institución como la iglesia, que promueve valores que la misma historia ha  logrado desmitificar, o a un gordo de Botero, que anuncia una lata de Slim Fast, que lo único que pretende como fin es la venta de la lata, por mencionar solo un ejemplo de lo distanciados que deberían estar el  valor del arte y la publicidad, debido a los distintos fines que tiene cada rama.


Anteriormente se ha hablado mucho sobre la perdida del sentido de las imágenes en cuanto  al  distanciamiento que mantienen con la realidad, donde la imagen y la realidad se  confunden en la misma cosa. Para Baudrillard, es ahí donde se encuentra la pérdida del sentido y del valor del arte, para él; las imágenes se han encimado, repetido y mezclado unas a otras que han terminado por ya no decir nada. Para  él estas imágenes desde su inicio nacen contaminadas, cuando ya parten de una repetición o pretenden solo mimetizar, porque en ellas, ya no puede existir la transparencia y su posible metamorfosis: esa alma que tiene cada imagen por sí misma, que es lograda por la originalidad de su creación. La crítica que hace Baudrillard se ve sustentada con la intuición que tuvo, en 1939, Walter Benjamín al criticar que el arte en la época de su reproductibilidad técnica 27 no permite transmitir el aura, o pureza, que tienen las obras de arte:


¿Pero qué es propiamente el aura? Una trama muy particular de espacio y tiempo: irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que ésta pueda estar. Seguir con toda calma en el horizonte, en un mediodía de verano, la línea de una cordillera o una rama que arroja su sombra sobre quien la contempla hasta que el instante o la hora participan de su aparición , eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama. Hacer las cosas más próximas a nosotros mismos, acercarlas más bien a las masas, es una inclinación actual tan apasionada como la de superar lo irrepetible en cualquier coyuntura por medio de su reproducción (...) Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible” 28


Por lo que la
 imagen de la imagen logra distanciar al espectador de la imagen original en la que contiene todo su auténtico valor. No hay que  dejar a un lado dos puntos importantes: primero, la importancia de crear arte por el arte, en el sentido de que el arte no debe ser creado para manipular en el ámbito de las preferencias políticas y sociales, ya que un arte que utiliza su creación, bajo esas premisas, ya está condicionado, y pierde su vocación; El segundo punto es lo impredecible que es dejar la obra en el espacio para el que fue creada; un ejemplo sería el preguntarnos: ¿Qué sucedería al quitarle el pedestal al David de Miguel Angel? Lo único que se lograría sería la pérdida total de su sentido mismo,  la obra debía generar el asombro del público con  la imagen monumental, al eliminar su base, la escultura del David expresaría su proporción  saldría así a relucir que la escultura del David maneja una desproporción, y que el pedestal, es parte de su armonía y de su equilibrio total ya que fueron creados juntos.

Cuando el arte se promueve bajo la premisa de defender la política se convierte en mentira pero, cuando al David se le descubre su desproporción corporal, porque  su misma proporción esta lograda en base al pedestal, se convierte en un “engaño al ojo”, al estilo (trompe l´oeil), que aunque se refiere básicamente a un engaño creado por la pintura, permite con mayor claridad entender estos conceptos. 


Siempre que una obra se transporte a otro ámbito del que fue creada tiene el riesgo de poderse convertir en otra cosa,  es difícil  imaginar hoy en día obras del Museo de Louvre en otro lugar, pero hay que tomar en cuenta que la mayoría de esas obras no fueron creadas para ese preciso espacio y que el diálogo que transmiten se ha visto modificado y condicionado por el tiempo y por el hombre. Podemos interpretar que Benjamín aceptaría al museo como una institución que permite la apertura total de los sentidos por su espacio, su amplitud y por su silencio. El mundo de hoy muchas veces permite el acceso a obras maestras y a espacios arquitectónicos especiales en reproducciones dadas en libros, postales o fotografías. Pero creo que lo que él defiende es que si se va a distribuir de esa manera, el fotógrafo del libro, o la compañía disquera, debe tener el mismo compromiso que tuvo el artista al crear su obra, debe en cierta manera ser otro artista, respetar al máximo la veracidad del color y la precisión total de cada nota musical, porque las malas ediciones y reproducciones,  son las que provocan la pérdida de la pureza (aura), el alma misma de cada obra de arte.


Es importante aclarar que para Baudrillard  y para Benjamín el valor que pierden las obras reproducidas, ya sea en imagen de la imagen o en serie, son  posturas que debemos cuestionar y explicar. Helnwein utiliza la reproducción en serie de su obra basada en  fotografías para las portadas de los discos del grupo Scorpions (su autorretrato), y para la de Marlyn Manson (Manson disfrazado abrazando a una niña que nos apunta con una pistola).  Podemos sostener que esas reproducciones tienen validez y que dentro de ellas no se ha perdido el aura de la foto original. Podemos defender que la intención de colocar su obra en la portada de un grupo musical podría responder al deseo de ser identificado y conocido por la gente joven. La diferencia está en que Helnwein no participa en portadas de discos de grupos comerciales, que son avalados por el establishment, ni que son taquilleros, no a todo el mundo le gusta la música de estos artistas porque las letras de sus canciones son muy agresivas, hablan de temas muy controvertidos, promueven la abolición del  el tabú y en cierta manera son gente que va en contra de instituciones de moral, religión, política etc. La música de estos grupos y la obra de Helnwein tienen una similitud en cuanto a lo que atacan; es como si lo que vemos en las pinturas de uno se escucha en la música de los otros. En  ellos se promueve el compromiso y la originalidad, no son repetitivos y están planteando la renovación cultural  desmintiendo lo que las instituciones quieren borrar. Es importante mencionar que para la portada del disco de Marlyn Manson se hicieron más de cinco portadas que fueron rechazadas por su compañía disquera, ya que eran “demasiado controvertidos” y argumentaban que ningún solo local comercial recibiría esa portada; la portada final, de igual manera, se mantiene en su postura de denuncia y de hablar por las victimas como un compromiso de fidelidad con el otro al que no se le permite hablar como lo planteaba Benjamín quién “ coloca la crítica liberadora … a favor de una esperanza paradójica de redención, para la que la justicia sólo se manifiesta en el ejercicio del recuerdo de las víctimas de las catástrofes de la historia” 29 En base a lo dicho por Benjamín, es importante reconocerle el merito a un artista que habla no solo por el otro, sino del otro, con herramientas estéticas; eso es lo que hace que Helnwein sobresalga entre muchos charlatanes que se dicen artistas y que lo que utilizan para dialogar son creaciones existentes (imitación)  donde se pierde el aura y la credibilidad de su diálogo. La apertura de expresión en el siglo pasado, junto con la globalización de la cultura, se enfrentó a la posibilidad de creaciones vagas sin compromiso y sin intención estética, se centró no solo en lo que se vende como la pornografía, las reproducciones, con la visión romántica de que el arte de los grandes maestros era el mejor, sino que desencadenó consecuencias que dieran el paso directo a la muerte del arte, ya que se fundió con la televisión, la publicidad y, por supuesto, con lo que se vende en el mercado generando vacuidad, empobrecimiento cultural y un arte en su generalidad basado en la mimesis. “Nada tiene de extraño, entonces que un vanguardismo sin vocación de grandeza y sin el arrojo de una auténtica conciencia impugnadora desemboque en la vulgaridad masificada tan común en estos tiempos. Con la desaparición del artista de las verdaderas vanguardias y con la canalización triunfante del genio, al socaire de géneros como la telenovela, la instalación y similares cultivados con demasiada frecuencia de manera trivial y mediocre, el destino de la pasión por innovar con seriedad y con genuino sentido crítico es el aislamiento, o la asimilación por la artesanía mediática” 30

continúe a la conclusión

o va a:

Introduction            
Capítulos:
Conclusion